Argentina - Capital Federal -Sitio web con información y contenidos de Su Revista Barrial, revista en papel de distribución gratuita en los barrios de Villa del parque, Villa Devoto, Villa Pueyrredón, Agronomía, Paternal, Villa Mitre y Santa Rita. Notas barriales y de interés general
 
 

 

 

Su Revista Villa del Parque y Devoto Parte 32
Corría el año 1926, y algunos acontecimientos importan es acapararon la atención de los habitantes capitalinos. Gran expectativa provocó la llegada al puerto de Buenos Aires, del famoso hidroavión español “Plus Ultra”, tripulado por los pilotos Ramón Franco, Ruiz de Alda y el mecánico Pablo Rada. Posteriormente, esta travesía fue inmortalizada con un tango titulado “La Gloria del Aguila”, grabado por Carlos Gardel, un homenaje merecido, pues había partido desde España, una hazaña para la época. El célebre aparato fue donado por el gobierno español al Museo de Luján.
Otro suceso también relacionado con la aviación, fue noticia destacada en ese año. Un avión, el “Buenos Aires”, unió Nueva York y nuestra Capital en trayecto que fue peligroso por los innumerables inconvenientes que padecieron, llegando al país felizmente a salvo, ante la algarabía y emoción de todo un pueblo. Sus pilotos habían sido; Bernardo Duggan, Eduardo Olivero, y el mecánico Ernesto Campanelli.
También en un acto muy emotivo, fue inaugurada una famosa peña en el legendario “Café Tortoni” y el Presidente de la Nación Dr. Marcelot T. De Alvear colocó la piedra fundamental del edificio del Consejo Deliberante. El famoso dibujante argentino Florencio Molina Campos expuso sus obras en la Exposición Rural de Palermo.
Mientras tanto, en aquellos años, Villa del Parque comenzaba a cambiar paulatinamente su fisonomía original, el progreso con sus innovaciones transformaba al aspecto general de la zona. Se adoquinaron y también se procedió a iluminar de mejor forma, las principales arterias y embelleciendo notoriamente el barrio con plantaciones de árboles. Llegó gente nueva y se construyeron confortables y coquetas viviendas.
Antiguos “mateos” y “breacks” dieron paso a modernos medios de transportes de pasajeros, que cubrían con sus recorridos amplios sectores de nuestra gran ciudad. Recordamos con nostalgia y emoción, esas primitivas líneas de “ómnibus”: “La Internacional”, “Almafuerte”, “Brokway”, “La Nueva Pompeya”, “Metropol”, “Columbia Autobús”, “General Artigas”, “La Imperial”, “Mariano Moreno”, “La Central”, “Río de la Plata” “La Palma”, “Autobús Argentina”, “La Titania”, “General Pueyrredón” y “La República” junto a las tradicionales líneas de tranvías 83 y 84.
Testigo inmutable de ese bienvenido modernismo, era sin lugar a dudas, el magnífico edificio de la calle Campana al 3200, el más antiguo y espectacular del barrio. Su bella y original estructura se destacaba de todas las demás, junto a las vías férreas. Se lo conocía también como “El Castillo de los Bichos”, “El Palacio Embrujado” o “El Castillo de los Fantasmas”. Como ya hemos informado en nuestros relatos, infinidad de anécdotas de contenido espectral y misterioso, se sucedían de manera continua, después de la triste y lamentable tragedia de 1911, que se cobró dos vidas jóvenes, Lucía y Angel. Todo comenzó al transcurrir un año del accidente.
Los medios informativos barriales de Villa del Parque, siempre anhelaron cubrir sus páginas con la historia del viejo edificio, era una permanente consigna que todos deseaban cumplir. Además, la población parquense quería conocer detalles espeluznantes que ocurrían dentro de esa mansión, también fuera de ella.
En el año 1912 apareció el período “la Reacción” y sus directivos atentos a sus deseos muchas veces proclamados, para demostrar su adhesión a los pedidos del vecindario, decidieron comenzar los relatos de los curiosos episodios, que ya habían empezado a suceder con llamativa frecuencia, dentro de la temida edificación y sus alrededores. Para tal fin, encargaron dicha tarea a una altiva y voluntariosa cronista de la citada publicación, llamada Dominga Arrizabalaga. La joven mujer, durante varios días intentó sin éxito la confección de las respectivas notas. Al iniciar el trabajo solicitado por sus superiores, notó de pronto, extrañas sensaciones en su organismo; dolores de cabeza, náuseas, mareos, pérdida repentina de la memoria, etc. Que la obligaban a desistir de la continuación de sus propósitos. Otro joven del plantel periodístico de apellido Hirsuta, se burlaba de su compañera de redacción, no dando crédito a lo que estaba sucediendo, y decidió él, cumplimentar con lo solicitado por la dirección. Curiosamente, tampoco logró su objetivo por padecer inmediatamente, los mismos síntomas que había sufrido su colega.
A posteriori, otros integrantes del “Staff” intentaron iniciar las series denotas, pero fracasaron de igual manera. Una de ellas fue Elvia Aravena, mencionada anteriormente, y cuy foto apareció en la parte XXIV de “Su Revista” del mes de enero de 2005. Otro claro testimonio de las dificultades que padeció aquel periodismo.
Años más tarde aparecieron otros medios informativos de nuestra zona: “Cónica Mensual” y “Astrea” (1919), “El Independiente” (1920), “El Eco del Parque” (1925), “Labor” (1926), “la Voz del Parque” (1927). Los señores Amado Domínguez y Mariano Tombeur, propietarios de “El Eco” y “La Voz”, respectivamente, reconocieron en cierta oportunidad, que nunca habían encarado la publicación de la leyenda del “Palais” parquense, por carecer de periodistas que se atrevieron comenzar a escribirla. La realidad indica que en esos años, nadie deseaba tratar los misteriosos temas conocidos, pues tenían el convencimiento de que algo malo les sucedería. Una aprensión tal vez comprensible. ¿Quién podría asegurar que no existiría alguno, o un eventual riesgo futuro? En aquella época, ciertamente, había un inocultable temor de tratar todo lo relacionado con “El Castillo de los Fantasmas”. El vecindario casi en su totalidad, eludía su mención y también de todos los hechos misteriosos que ocurrían en su interior y en los alrededores del edificio. El miedo casi los paralizaba. Pasaron muchos años, hasta llegar a nuestros días. Por fin nos atrevimos a encarar el trabajo investigativo, con la invalorable ayuda de los testimonios que nos legaron nuestros antepasados. Hubo sí, algunos inconvenientes en nuestra labor, pero no fueron muy importantes, por lo cual se logró cumplir con la tarea emprendida

Parte 33
Las investigaciones sobre los hechos sobrenaturales que tuvieron lugar en nuestro querido barrio de Villa del Parque (también lo hicimos en otras zonas de Buenos Aires), datan de mucho tiempo atrás. Todo comenzó cuando antiguos vecinos y antecesores familiares, relataban los extraños casos que con demasiada frecuencia sucedían en ciertos lugares cercanos a las vías ferroviarias que cruzaban la calle Campana al 3200 y que aparentemente no tenían ninguna explicación lógica y creíble.
Los informantes decían que en la década de 1920, se habían creado numerosas instituciones “sociales y deportivas” para la práctica del más popular de los deportes; el fútbol. Sus fundadores eran muchachos que cotidianamente se reunían en los Cafés, en la plaza principal o en cualquier esquina del barrio. Charlaban amigablemente de los temas más variados, luego de sus ocupaciones diarias. Estaban siempre en las conversaciones; los bailes familiares en determinada casa para la celebración de un grato acontecimiento, la aceptación o no de un inicio sentimental por parte de la chica anhelada, el comentario obligado sobre el partido presenciado por algunos de los jóvenes presentes, y también la posibilidad de fundar una entidad para juntarse diariamente, organizar reuniones danzantes, y además, formar algún equipo de fútbol para realizar partidos, cuyo escenario serían los enormes baldíos existentes en la zona. Todos eran proyectos de una pujante juventud, y totalmente realizables.
Pasó cierto tiempo, esas ideas empezaron a ser realidades, se crearon clubes que llevaron estos nombres: “Juventud Argentina”, “Juventud Argentina Primitivo”, “Defensores del Pacífico”, “Ciclón de Melincué”, “Juventud Unida”, “Glorias del Parque”, “Juventud Parquense”. “Defensor de Esperanza”. “Unión y Libertad”, “Laureles Argentinos”, “Once Glorias”, “25 de Mayo”, y el primer club deportivo infantil que funcionó en la ciudad de Buenos Aires, que homenajeando a nuestra independencia se llamó “9 de Julio”. Villa del Parque era en aquellos tiempos el barrio capitalino con más instituciones de carácter vecinal de toda la urbe porteña. De sus planteles futbolísticos surgieron muy buenos elementos que luego fueron astros del balompié nacional, integrando las divisiones superiores de las entidades profesionales del torneo mayor organizado por la “Liga Argentina de Football”: “Richiardi (Chacarita Juniors), Pietracupa (Argentinos Juniors), Iglesias (Platense). Mutis (Boca Juniors), Ermilio y Orlando (San Lorenzo de Almagro), Colonia (Huracán). Tenorio (Boca Juniors), entre otros.
Pasó el tiempo, transcurría el año 1929 cuando en cierta ocasión, después de un partido, algunos muchachos durante una amable charla, mencionaron un tema casi excluyente en todas las conversaciones entre vecinos: “El Castillo de los Fantasmas”. En determinado momento de la reunión, alguien tuvo la idea de llegar hasta el endemoniado palacio en horas de la medianoche, portando cada uno un candelabro con una vela encendida. Fue una especie de desafío que todos aceptaron. Eran seis asociados del club “Juventud Argentina” y a la vez integraban sus equipos de fútbol: Fernando Mora, Mario Lattes, José Ermilio, José Visciglio, Manuel Cesarini y Antonio Di Bella.
Finalmente, llegó el momento más difícil que era sin dudas cumplir lo pactado. Al salir de sus respectivos trabajos, el día designado para efectuar la prometida “visita” (viernes 5 de julio de 1929), los jóvenes se reunieron en el club para conversar sobre el tema. Se los notaba muy nerviosos, y casi no participaron de los variados entretenimientos que había en las instalaciones en la entidad nombrada.
Al acercarse la medianoche de ese día, decidieron encaminarse hacia la estación ferroviaria de Cuenca y Pedro Lozano. Una vez allí, resolvieron que tres de los muchachos efectuarían un primer viaje hacia el castillo (Mario Lattes, Fernando Mora y José Ermilio). Luego regresarían hasta la sala de espera de la vía número cuatro, allí los esperarían los tres restantes (Manuel Cesarini, Antonio Di Bella y José Visciglio), que debían hacer enseguida el mismo recorrido realizado por sus amigos.
Luego de algunos titubeos creados por la preocupación de enfrentar lo desconocido, en silencio iniciaron el camino por sobre los rieles, en medio de una total oscuridad. En esos tiempos transitar por esos lugares, era equivalente a caminar con los ojos cerrados. Apenas se advertía un leve reflejo de las luces provenientes de la estación ferroviaria. Avanzaron hablando continuamente en voz alta, para disimular su verdadero estado de ánimo, y al mismo tiempo para obtener el coraje que les faltaba, en esos instantes de gran tensión. Alguien insinuó abandonar esa loca aventura y regresar inmediatamente y si no lo hicieron, fue por demostrar un valor, una valentía, que realmente en esos momentos no tenían.
Metros antes de llegar al edificio, oyeron claramente el ruido de pasos detrás de ellos, pro no vieron a nadie, esa situación los preocupó bastante. Segundos más tarde los oyeron nuevamente, y tampoco pudieron saber su origen. Como estaba estipulado de antemano, encendieron las velas de cada candelabro, y al instante se apagaron sin que hubiese en ese sitio la menor ráfaga de viento. Todo muy extraño y preocupante. Hubo varios intentos más, y las velas volvían a apagarse. De pronto, pudieron escuchar un profundo alarido que partía muy cerca de ellos, sin ver a nadie. El grito era de dolor, y de tal magnitud que no podía de ninguna manera provenir de un ser humano. Al mismo tiempo sintieron mareos y náuseas, cuyas causas eran totalmente inexplicables. Un miedo inenarrable se apoderó de los muchachos, que se alejaron despavoridos por el terror. Como enloquecidos empezaron a correr raudamente sobre las cercanías vías férreas. Llegaron por fin al lugar de la partida a punto de desmayarse. Demás está decir que los tres jóvenes que debían efectuar el mismo trayecto, no lo hicieron. En el barrio nadie les creyó porque todo parecía ficticio, totalmente irreal, sin embargo, ninguno de los incrédulos se animó jamás a repetir la experiencia. Negar es más fácil que comprobar la veracidad de lo ocurrido. Siempre fue así, en todas las épocas.

Parte 34
Todo el vecindario parquense, (luego del conocido accidente de 1911, sobre las vías cercanas a la mansión de la calle Campana y Tinogasta), advirtió la presencia en la zona de apariciones horrendas y extrañas de origen desconocido. Después, el impedimento que tuvo la prensa barrial de aquel entonces, para publicar lo que ocurría en ese edificio, porque los cronistas que iniciaban esas tareas, sufrían misteriosas dificultades físicas y anímicas de cierta gravedad que no podían subsanar, y con mucha preocupación abandonaban el trabajo. Cuenta la historia, que también la curiosidad y audacia de la gente se ponía de manifiesto, cuando en innumerables ocasiones se intentó con suerte nula, investigar y ver de cerca los inverosímiles hechos que ocurrían, dentro y en las cercanías del ya denominado “Castillo de los Fantasmas”.
No se tenía en esa época un convencimiento real, veráz y creíble, de lo que veían y escuchaban. En todas las afirmaciones siempre había una sombra de duda, una excusa lógica apta para seguir negando, para reirse de los que creían, de los que aceptaban que algo cierto sucedía. Por eso, una y otra vez, incrédulos vecinos se lanzaban a la aventura de visitar el macizo palacio en busca de la verdad.
Y así, en cierta oportunidad, un matrimonio residente en el barrio, Concordia 2388, compuesto por don Celeste Di Biaggi y su esposa doña Dionisia, decidieron visitar la citada edificación y como otros lo habían hecho con anterioridad, la llegada al lugar sería a las doce de la noche y portando velas encendidas, en una actitud incomprensible y a la vez macabra, que aumentaba, si consideramos que eligieron la noche del martes 13 de octubre de 1931 para efectuar y cumplir una promesa que habían hecho días antes. Además, ellos eran sumamente suspicaces, nunca dieron crédito a todas las versiones que recorrían el barrio, donde se hacía mención de supuestos fantasmas, que “visitaban” amplios sectores de Villa del Parque y parajes aledaños.
Para millones de personas de todo el mundo, el martes 13 es la jornada más temida del año, y por lo tanto toman algunas precauciones: rara vez se realizan casamientos, pasajeros de barcos, aviones y otros medios de transporte, sufren algún miedo al zarpar en esa fecha, y a menudo se postergan actos públicos y privados, por eventuales inconvenientes que podrían producirse. Temores propios de la superstición.
Sin embargo, don Celeste y su esposa no se acomplejaron por tales creencias, y muy secretamente partieron hacia su objetivo cuando los relojes marcaban las once horas y cuarenta minutos. La puerta de su domicilio estaba ubicada casi esquina Santo Tomé. Calle con piso de tierra, igual que las demás en esa zona. Los focos de luz, aunque ya alimentados con electricidad, eran aún muy escasos y de poca luminosidad.
Las casas bajas de enfrente hacían ver el tupido follaje de los ligustros que bordeaban el perímetro de los enormes baldíos que alguna vez pertenecieron a los viejos hornos de ladrillos, y que ya ocupaban las románticas canchas de fútbol de los modestos clubes parquenses. A esa hora, una calma completa, solo hacían notar su presencia los infaltables grillos, y algún sapo o rana que croaba desde los zanjones del barrio. En una noche que amenazaba tormenta, iniciaron el camino por el actual Pasaje Tobas. Llevaban un pequeño envoltorio donde estaban las dos velas con sus respectivos candelabros. Elementos indispensables para iluminar y también para cumplimentar, tal vez, una especie de cábala de todos los que efectuaban el intento.
Llegaron a la calle Campana, el silencio era absoluto, podían oír sus propios pasos claramente. Nadie transitaba a esas horas por esos lugares, y en ninguna casa se veían luces. Todo era tranquilidad, sosiego, una total quietud. Caminaban lentamente observando siempre a sus costados. Al llegar a las vías ferroviarias, encendieron las velas como lo habían planeado, el sitio estaba totalmente oscuro. Cruzaron lentamente en dirección al Castillo. De pronto, sin motivos aparentes, comenzaron a sentir miedo. Trataron de tranquilizarse mutuamente, y siguieron caminando. En una momento determinado, tuvieron la sensación de que algo o alguien rondaba alrededor de ellos, pero no vieron a nadie, sin embargo, advirtieron que las velas se apagaron al mismo tiempo, y segundos después, apareció sorpresivamente, sobre las vías, una horrible figura espectral de imagen transparente, como flotando en el aire, que avanzaba y retrocedía velozmente, emitiendo al mismo tiempo gemidos y gritos de dolor. Luego una especie de humo envolvió su entorno, y desapareció tan rápidamente como había llegado, sin producir ningún ruido, y sin dejar el menor rastro.
Doña Dionisia y su esposo, próximos al pánico, echaron a correr en dirección a la calle Ricardo Gutiérrez, y después hacia su domicilio, donde la mujer cayó desmayada. Don Celeste Di Biaggi también tuvo serios problemas de carácter psíquico, balbuceando palabras incoherentes y sin sentido, y con un pronunciado temblor en todo su cuerpo. Los familiares de la pareja, actuaron con prontitud dando intervención a un médico de la zona, el doctor Morelli Sonería de la calle Cuenca y Baigorria.
Afortunadamente, con el correr de los días, todo pasó a ser solamente, un negativo recuerdo. Posteriormente, ambos, contaron la inusual y terrorífica aventura y los desesperados momentos que les tocó vivir en esa rara experiencia, que juraron no repetir jamás, y aconsejando que nunca lo intentaran por ningún motivo.
Más allá de esta situación, felizmente superada, los relatos sobre el particular caso del nombrado matrimonio, no fueron creídos por una gran mayoría de vecinos, que dudaron de los dichos de los protagonistas. La misma posición se pudo observar en quienes oyeron antes, contar los ocurrido a dos choferes de la empresa de mudanzas de Luciano Accaputo de Villa del Parque, que meses atrás, soportaron idéntica odisea.
También fueron objeto de bromas de todo tipo, y el casi total descreimiento de familiares, amigos y vecinos. Desconfiar, es el patrimonio de mucha gente. Empero, sobre estos casos puntuales, preguntamos ¿tanto han podido mentir esas cuatro personas? Además, ningún incrédulo se animó a repetir ese “viaje”.

Parte 35
ALBERTO CHIVIDINI, FUTBOLISTA Y VECINO DEL BARRIO.
Transcurría un apacible y agradable domingo (16 de abril de 1933). Desde hora temprana los grandes baldíos de Villa del Parque, transformados en canchas de fútbol de los numerosos clubes que poblaban el barrio, estaban ocupados por una bulliciosa juventud que practicaba el más hermoso de los deportes, ante un entusiasta público espectador, que aplaudía las jugadas brillantes y positivas que se efectuaban en cada partido. Llegaban a la zona, equipos de otros sitios de nuestra Capital, muchas veces con jugadores profesionales que daban gran jerarquía a esos enfrentamientos deportivos. En esos tiempos, una buena cantidad de futbolistas rentados, jugaban por la mañana en conjuntos zonales, y por la tarde, sin ningún tipo de inconvenientes, lo hacían en instituciones profesionales de nuestro medio. Eso era factible, porque casi no existían las concentraciones, utilizadas solamente en vísperas de partidos definitorios de torneos, grandes clásicos, etc.
Esa mañana, Alberto Chividini, vecino parquense (se domiciliaba en Arregui 3233), jugó para el club “Gloria del Parque”, con secretaría en Concordia 2368. Por la tarde, integró la primera división de San Lorenzo de Almagro frente a Platense en condiciones de visitante logrando un triunfo por 3 a 1, y lo hizo con total normalidad.
Sus convecinos seguían muy de cerca su campaña deportiva, porque además de ser una excelente persona, era un auténtico ídolo, integrante alguna vez de la selección nacional. Un amigo suyo, don Agustín Pellicioni, con domicilio en Llavallol 2443 (esa casa se mantiene aún como en la citada época), por la noche, como lo hacía habitualmente, concurría al “Café, Bar y Canchas de Bochas” de la esquina noroeste de Baigorria y Cuenca. Allí se encontraron, como muchas otras veces, y con diversos entretenimientos estuvieron ocupados, hasta casi las once de la noche, y decidieron retornar a sus respectivos hogares. De pronto, impensadamente, surgió el tema que mucha gente del lugar comentaba los supuestos hechos fantasmales del célebre castillo de Villa del parque. Siempre fue materia de extensas charlas y también de interminables discusiones. Existían sectores en pugna, creyentes y sus adversarios, los seguidores de la doctrina filosófica que niega la verdad; el escepticismo, y además, aquellos que se colocaban en situación neutral. Negando algunos hechos, y paralelamente, aceptando otros, en una actitud indefinida.
Y mientras dentro del local del bar, esa noche, se iniciaba un debate sin fin entre los parroquianos allí reunidos, los amigos Alberto y Agustín salieron del lugar conversando animadamente, cruzaron la plaza “Aristóbulo del Valle”, y antes de llegar a la calle Llavallol, se encontraron con don Salvador Nicosia, antiguo vecino del barrio, que se dirigía a su casa de Marcos Sastre 338. Los tres mantenían desde hacía algunos años, una leal amistad que demostraba su solidez cada vez que se encontraban. La solidaridad entre ellos era una acción cotidiana y efectiva. Esa noche, fue una nueva oportunidad para que esos tres amigos iniciaran una amena charla, continuación, seguramente, de otras tantas efectuadas en distintas épocas.
Alberto y Agustín, en cierto momento, le comentaron a Salvador el tema que minutos antes de había tratado en el cercano boliche de Cuenca y Baigorria, los fantasmas del castillo parquense. Ellos nunca creyeron en apariciones, y le negaban veracidad a todo ese cúmulo de versiones, que circulaban por el barrio, dando cuenta de misteriosos hechos, que eran atribuidos a espíritus involucrados en el conocido accidente de 1911, manteniendo una constante preocupación de todo el vecindario.
Para demostrar una vez más sus convicciones, decidieron que el sábado próximo, 22 de abril, al cumplirse 22 años y veinte días de la tragedia, los tres concurrirían al tenebroso edificio, a la hora aproximada que los novios; Lucía y Angel salieron del palacio de la calle Campana para dirigirse al hotel. Transcurrió la semana, y llegó el momento fijado de antemano para cumplir lo pactado. Ninguno, durante esos días, había tenido dificultades físicas, y cada uno en su actividad específica se desenvolvió normalmente como siempre, y a la espera del acontecimiento prefijado.
Convinieron que se encontrarían, pasadas las dos de la madrugada del domingo 23, El primero en llegar fue el deportista Alberto Chividini, y minutos más tarde lo hicieron sus amigos, y allí, frente al enigmático edificio, ya estaban reunidos para tratar, premeditadamente, de invocar, y de algún modo, desafiar a los supuestos seres del “más allá”, a demostrar su presencia, Mientras esto ocurría, repentinamente, Salvador Nicosia comenzó a sentirse mal a causa de un fuerte dolor de cabeza, agregándose sin causas justificables, una total sordera y una alarmante pérdida de la voz. Ante tal situación, sus compañeros lo atendieron solícitamente, y ante la gravedad de las dolencias que padecía, procuraron llegar hasta la calle Cuenca, donde en un taxi los trasladarían al Hospital Zubizarreta para brindarle allí una adecuada atención. Se alejaron del lugar por la calle Tinogasta. Habían recorrido aproximadamente cincuenta metros, cuando de pronto, Salvador a los gritos afirmaba que ya no sentía ningún padecimiento, y saltaba de alegría. Sus amigos y él, no entendían lo ocurrido, pero lo atribuyeron, sin dudarlo, a sus intenciones de ridiculizar y al mismo tiempo negar la existencia de fuerzas extrañas en esa zona del barrio. A partir de ese momento la opinión sobre el tema cambió totalmente en el posterior concepto de los tres amigos.
Esa misma tarde, Alberto Chividini cumpliendo una gran actuación, integró el equipo de San Lorenzo de Almagro que en su cancha de Avenida La Plata, goleó a Estudiantes por 6 a 1. Hechos como el de este relato, ocurrían en esos tiempos con cierta frecuencia, pero pocos se atrevían a difundirlos, por la presunción o sospecha de sufrir algún daño futuro. Por tal causa, se perdieron para siempre, importantes anécdotas que la historia no pudo registrar.

PARTE XXXVI
RETORNO DE LOS EXORCISMOS

A raíz de las continuas dificultades de carácter psíquico, que padecían con alarmante frecuencia los vecinos de cierto sector de Villa del Parque, por el conocido tema de las apariciones fantasmales, en el entorno del celebrado castillo de la calle Campana, nuevamente, como en 1924, se volvió a reunir un grupo de vecinos para tratar de realizar exorcismos religiosos, con el fin de evitar, definitivamente, la reiteración de los hechos, por todos conocidos, que fueron causa de intranquilidad y desasosiego en la población parquense. Por sugerencia de la comisión formada a tal efecto, y por el aval aportado por el Pbro. Vicente Rigoni de la Parroquia”Santa Ana”, en el proyectado conjuro intervendrían, además de la religión católica, otras creencias que ha habían aceptado su participación en un plausible gesto de colaboración y buena voluntad. Fue así, que se acercaron a brindar su ayuda los seguidores de la religión mormona a través de su profeta José Smith que ellos invocaban en sus rezos. Pastores evangelistas, y hasta rabinos del judaísmo se sumaron a dicho encuentro.
Todo se efectuó con la mayor discreción, sin mencionar fechas ni horarios. Cada creencia utilizó un día y hora determinada, para realizar sus actos. Solo se supo que tales acontecimientos se efectuaron durante el mes de agosto del año 1933.
TEORIA DEL ESPIRITISMO
De acuerdo a lo que sucedía por aquellos años en la zona del antiguo castillo y sus adyacencias, cada sector religioso tenía al respecto sus conclusiones bien definidas y cada uno daba su versión sobre el extraño origen de esas situaciones totalmente anormales, y de extrema preocupación. En tal sentido, el “médium” Pedro D’Angelo, que ya en épocas anteriores había colaborado junto a otros credos en la misión que los involucraba, dio a conocer en cierta ocasión, el particular punto de vista y la orientación filosófica que practica la ciencia espiritista.
Según los principios de la doctrina citada, hay otra existencia después de la pérdida de la vida terrenal, y afirman que el alma o espíritu permanece unido al cuerpo solamente hasta su desencarnación. Al producirse ésta, el predominio de la materia desaparece, y el espíritu ingresa a la dimensión conocida e identificada como “el más allá”. De acuerdo a sus ideas, sentimientos y desarrollo intelectual, pertenecerá a una determinada categoría: buenos, malignos, neutros, etc. En esa clasificación rige el grado de progreso, y también las cualidades que hayan logrado a través de las sucesivas encarnaciones terrenales. Del mismo modo en cuanto a las imperfecciones, que todavía deberán quitarse, y así pasar luego de un orden inferior a otro claramente superior, para ubicarse definitivamente, en la categoría de las almas puras. Los que aún no han podido conseguir esa situación, mantienen todas las imperfecciones de la materia, y por consiguiente, padecen de absurdos sentimientos como lo son; la perversidad, el orgullo, la envidia, los celos, la malicia, y otras lacras, que desafortunadamente, produce el ser humano, y causa de innumerables sufrimientos.
Esas almas, evidentemente equivocadas, en momentos específicos pueden comunicarse con seres encarnados en cualquier lugar. Generalmente se presentan con efectos físicos muy notorios, golpes, gritos, quejidos, llantos, increíbles traslados de objetos horrendas imágenes, entre otras comunicaciones perturbadoras que carece de explicación lógica. Quizás esas eventuales contingencias, hayan sido causantes de todas las apariciones y serias dificultades, que la historia registró, y que por largo tiempo estuvieron presentes en el legendario castillo de don Rafael Giordano.
En alguna ocasión, hubo quienes atribuyeron tales inconvenientes, a influencias aportadas espiritualmente por Lucía Giordano y Angel Lemos, aquella pareja de recién casados, inocentes víctimas de la injusta tragedia ocurrida e3n la madrugada del 2 de abril de 1911. Por la inobjetable y reconocida bondad de ambos cónyuges, sus almas de ninguna manera podrían haber provocado tantos pesares, y escenas de innegable crueldad y espanto, de carácter intencional y malévolo. Es indudable que todo ha sido obra de espíritus equivocados, impuros e imperfectos, que en determinada época alteraron el tranquilo vivir de una parte del vecindario del barrio de Villa del Parque. También estuvieron dispuestos a investigar exhaustivamente cada caso, los parapsicólogos y científicos aptos en el tema, pero en ningún momento les fue fácil realizar su tarea, debido al rechazo de los detractores de siempre, colocados a cada instante en la cómoda posición de negar permanentemente, sin tener sólidos argumentos para hacerlo. Sin embargo, esa gente idónea nunca entró en el desánimo. Unidos a otras tendencias, igual que ellos, firmes en su meritorio esfuerzo, habían conseguido, aparentemente, casi al final del mencionado año 1933, la desaparición total y definitiva de escenas macabras con espíritus de ultratumba, que se presentaban de manera extraña, deambulando por diversas zonas del barrio.
Con el correr del tiempo esa pesadilla, felizmente, quedó sepultada para siempre, y aquellos episodios sobrenaturales y misteriosos, se convirtieron en una interesante y terrorífica leyenda, pasando a formar parte de la historia inexplicable y oculta, que se esconde en las modernas y pintorescas calles de nuestro querido Villa del Parque, que fue alguna vez; fantasmagórico, alucinante y único, donde aún mantiene un permanente protagonismo, el señorial edificio de la calle Campana, a metros de las vias ferroviarias, el denominado “Castillo de los Fantasmas”.

villa del parque

Staff de surevistabarrial.com.ar
Editor: Jorge Hevia.
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Página Histórica de Surevista Barrial
Fuente: Pedro de Simone. Isabelino Espinosa
Junta de Estudios Históricos


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